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Desde hace años acompaño a personas en procesos de transformación profunda, y siempre observo lo mismo: el verdadero cambio no ocurre cuando entendemos algo con la mente, sino cuando cambia nuestro estado interno. Cuando dejamos de reaccionar desde el miedo, la defensa o la carencia, y empezamos a relacionarnos con la vida desde la presencia, la responsabilidad y la disponibilidad.
Ese salto —que todos atravesamos en algún momento— no es lineal ni perfecto. Es un movimiento vibracional, emocional y de conciencia. Y aunque cada persona lo vive a su manera, existen mapas que nos ayudan a comprenderlo. Uno de los más claros y útiles que he encontrado es la escala de conciencia del Dr. David Hawkins.
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Acuario es el penúltimo signo del zodíaco. Junto a Piscis está más allá de la consciencia, simbolizada por Capricornio. Con Acuario entramos en los dominios de la incertidumbre de habitar todos los tiempos: pasado, presente y futuro.
Cuando se desdibuja el tiempo lineal de capricorniano, el tiempo de Cronos (Saturno, regente de Capricornio y corregente de Acuario, es el dios del tiempo), aparece el tiempo de Kirós, el tiempo del Alma (el de Urano, el otro regente de Acuario): el momento de la inspiración, de la realización, de la caída de ficha, del instante preciso, de la serendipia. Acuario nos pide que nuestras estructuras psíquicas rigidizadas se rompan, se resquebrajen para que la luz del Alma, del Universo pueda entrar e iluminar nuestro camino de vuelta al Kirós. Saturno es necesario para dar forma a la inspiración del Alma, pero demasiado Saturno rigidiza, cristaliza, asfixia la luz, apaga la consciencia Universal y descarrila el corazón. |
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