El fin del carisma incuestionable: egrégores, Ego y la conjunción Saturno-Neptuno en Aries31/3/2026 Durante años, figuras carismáticas —políticos, gurús espirituales, creadores de contenido, líderes de opinión— han ocupado un lugar central en la imaginación colectiva. Sus discursos se expandieron como evangelios contemporáneos, sus vidas se convirtieron en relatos iniciáticos y sus comunidades en ecosistemas emocionales donde la admiración se confundía con verdad. Pero algo está cambiando. Lo que antes se sostenía sin esfuerzo ahora se resquebraja. Lo que antes inspiraba devoción ahora provoca sospecha. La caída no suele ser gradual. Llega de golpe, como si una nube se disipara y dejara al descubierto un escenario que siempre estuvo ahí, pero que nadie quería ver. ¿Qué explica este fenómeno? ¿Por qué tantas figuras públicas parecen perder contacto con la realidad justo cuando más necesitan sostenerla? ¿Y por qué el público reacciona ahora, y no antes? La astrología evolutiva ofrece una clave poderosa: la conjunción Saturno–Neptuno en 0º Aries, un tránsito que marca el fin de las narrativas infladas y el inicio de un ciclo donde la identidad debe reconstruirse desde cero, sin adornos ni mitologías personales. Un ciclo en el que el “todo vale” típico de la energía masculina en su vibración más baja (tanto en hombres como en mujeres) ya no se sostiene, porque la energía femenina está dando un paso hacia adelante para decir, ¡no es no! El mito del líder carismático En la era de la hiperexposición de las redes, ciertos personajes se han convertido en espejos sobre los que miles de personas proyectan sus anhelos, heridas y aspiraciones. El líder carismático se presenta como alguien que ha atravesado pruebas, que ha visto más allá, o que encarna un camino o un ideal. Su discurso mezcla épica personal, espiritualidad o superación, enriquecimiento personal y una promesa de transformación. Y ni siquiera importa si sus méritos son reales, sino solo la imagen y su culto. Un buen ejemplo de esto es Donal Trump, que construyó su imagen de éxito con la serie “El aprendiz” y que, a pesar de sus fracasos financieros, ha sabido convencer al público de su valía. Este tipo de figura no se sostiene solo por su personalidad. Se sostiene por un campo energético colectivo que lo envuelve, lo alimenta y lo magnifica. Las personas que son atraídas por estos personajes, a su vez alimentan a esta figura carismática con su atención, así como al campo energético con sus emociones: ilusión, carencia, soledad, esperanza… Egrégores: cuando la audiencia crea un mundo paralelo Un egrégor es un campo psíquico —o campo morfogenético, según el biólogo Rupert Sheldrake— generado por la atención y la emoción de un colectivo. Es una forma energética de pensamiento-emoción condensada, creada por la atención de un grupo de personas a lo largo del tiempo, que a su vez tiene su propia inercia o “vida”, y se alimenta del mismo pensamiento-emoción que lo creó. El egrégor necesita que las personas vuelvan a tener el mismo pensamiento para sentir la misma emoción que lo creó, para así alimentarse de la energía de estas personas. ¿Eres consciente de a qué o quién estás entregando tu atención y energía? El campo energético (egrégor) que rodea a un líder carismático —ya sea un actor famoso, un gurú espiritual, un político o un influencer—, es alimentado tanto por los seguidores como por los detractores de éste. Las personas que admiran o que detestan a alguien, entregan ciega e ingenuamente su energía —a través de su atención— al líder. Esto lleva a que el personaje se vuelva más grande que la vida misma, su aura resulta magnética, y su imagen se convierte en un ideal a conseguir. En el caso de Trump, él representa el ideal de éxito por amasar una fortuna, y su personaje es alimentado por la atención brindad por los que le apoyan, y también por aquellos que le odian y critican. Esto refuerza y polariza su narrativa, hasta convertirlo en dogma, en un ideal de vida. Un ejemplo muy claro es lo que sucedió en la Alemania Nazi con Hitler, quien aglutinó la admiración del pueblo alemán en una época en la que había una gran crisis y muchas carencias, logró así convencer a la mayoría de un ideal, el suyo, y justificar atrocidades en contra del pueblo judío. Cuando se crea un campo energético en torno a un líder, se crea un ecosistema donde la crítica se percibe como traición, a la vez que el líder es visto por sus seguidores como más grande, fuerte, potente, sabio… En Estados Unidos, Trump es idealizado por el colectivo MAGA (Make America Great Again), quien está convencido que él es el mejor presidente de todos los tiempos y un líder mundial fuerte sin parangón. El resultado es una identidad inflada —que potencia sus rasgos narcisistas—, sostenida por un campo emocional que exige coherencia absoluta con el ideal. El líder deja de ser una persona y se convierte en un símbolo. Y los símbolos, cuando se sienten amenazados, reaccionan con rigidez. Así, vemos la actitud cada vez más agresiva de Trump hacia sus detractores, y cómo sus seguidores le siguen ciegamente e incluso violentamente arremeten en contra de “los otros”. Existe un fenómeno psicológico denominado “disonancia cognitiva”, propuesta por Leon Festinger, que es el malestar o tensión interna que ocurre cuando una persona mantiene ideas, creencias o comportamientos contradictorios entre sí. Este conflicto psicológico impulsa a las personas a reducir la incoherencia, a menudo cambiando actitudes, justificando acciones o racionalizando conductas para recuperar la armonía. Es por esto que, cualquier líder idealizado, y las personas que le siguen, termina radicalizándose, ya que la presión por ser coherente con el ideal, sumado a la imperfección e incoherencia inherente a cualquier actitud sostenida por un Ego inflado, obliga al personaje a modificar sus creencias hacia una polarización de valores, a la vez justificando a menudo malos tratos hacia “los otros”. Por ejemplo, Trump se cree el mejor líder del mundo y declaró aranceles a casi todos los países, pensando que iban a ceder y obtener el reconocimiento que ambiciona. El mundo reaccionó negativamente. Esto generó una tensión interna por la incoherencia entre sus expectativas y los hechos. Para compensar se polariza más en su discurso y empieza una guerra. La reacción madura sería hacer una introspección, admitir el error, abrir la perspectiva para incluir miradas contrarias, reajustar las creencias y proponer un nuevo diálogo. Evidentemente, esto no es lo que pasó, y para reducir el malestar que provoca la incoherencia, Trump y sus seguidores desvían la atención sobre otros colectivos, justificando actos agresivos ante aquellos ciudadanos que no piensan igual que él y el ideal de MAGA, o ante países del entorno por motivos arbitrarios. Ante la crítica o el cuestionamiento, el egrégor ve amenazado su sustento energético y empuja hacia la polarización. Cuando el Ego se siente acorralado Pero la disonancia cognitiva no sólo aparece cuando el líder se equivoca, sino cuando la estructura energética que lo sostiene empieza a flaquear. Ante la crítica o el cuestionamiento, el egrégor ve amenazado su sustento energético y empuja hacia la polarización. ¿Cómo lo hace? Como he mencionado antes, los egrégores se alimentan de la energía emocional de las personas que repiten el pensamiento-emoción que unifica ese campo morfogenético. Para alimentarse de la energía del grupo, el egrégor necesita que las personas que sostiene al líder sientan miedo ante la amenaza de grupos externos y busquen afianzar la pertenencia a su grupo. El resultado es que los discursos son cada vez más extremos, las explicaciones son cada vez más elaboradas, hay una separación entre “los que entienden” y “los que atacan”, y se justifica al líder y su causa con la excusa de que tiene un sentido espiritual o trascendente. En el caso de Trump, sus seguidores lo ven casi como un santo. De hecho, el colectivo MAGA está compuesto mayoritariamente por miembros de la iglesia mormona, quienes creen que si tienes dinero es que estás más cerca de Dios. Según su fe, cuanto más rico eres, más cerca de Él estás. En psicología existe un concepto que explica por qué se da la polarización y el discurso “nosotros vs ellos”. El “sesgo de confirmación” es un filtro cognitivo que nos lleva a buscar, interpretar y recordar información que respalda nuestras creencias preexistentes, ignorando evidencias contrarias. Este patrón mental refuerza estereotipos, provoca exceso de confianza y genera juicios erróneos en contextos políticos, científicos, sociales y personales. Entre el punto de quiebre y la caída del mito es cuando más se radicaliza el líder y los seguidores fieles, tomados firmemente por el egrégor que se alimenta de ellos. El momento del quiebre Sin embargo, la radicalización lleva a posturas cada vez más desconectadas de la realidad y más incoherentes. En este punto, es el campo energético, el egrégor, el que responde. Cuando el líder, y las personas que lo siguen, pierde su conexión con la realidad y el resto de la sociedad, el egrégor toma el mando. El grupo se vuelve sectario, la narrativa se torna defensiva, grandiosa, casi mesiánica. Y poco a poco el público más alejado del líder, que antes sostenía el mito por ausencia de cuestionamiento, empieza a percibir la grieta. Aparecen las ovejas negras, los disidentes, los que empiezan a cuestionar el sistema, los rebeldes… Desde fuera, puede parecer que la caída ocurre de un día para otro. Pero en realidad, el campo colectivo lleva tiempo acumulando tensiones. Llega un punto en que la narrativa ya no convence de la misma manera, las contradicciones se vuelven demasiado visibles, el público retira sus proyecciones y el egrégor pierde energía. Cuando esto sucede, el líder queda expuesto. Lo que antes se interpretaba como profundidad ahora suena a autojustificación. Lo que antes parecía autenticidad ahora se percibe como artificio. El hechizo se rompe. Un claro ejemplo de esto lo encontramos en el caso del influencer español Amadeo Llados, conocido por su discurso agresivo sobre el éxito, la riqueza y la autosuperación. Durante años, Llados construyó una comunidad intensamente devota alrededor de un mensaje simple y contundente: cualquiera puede hacerse rico si adopta su mentalidad espartana y sigue sus métodos, que incluían dormir pocas horas, comer poco y hacer cientos de burpies como castigo ante actitudes “débiles”. Su estilo confrontativo, su vida de lujo exhibida en redes y sus cursos de alto precio generaron un ecosistema emocional donde la admiración, la aspiración y el miedo al fracaso se mezclaban. Algunos observadores llegaron a describir su comunidad como una estructura casi sectaria, por la intensidad de la identificación y la entrega económica de los seguidores. El campo colectivo (el egrégor) en torno a Llados funcionó durante un tiempo como un amplificador de su identidad pública. Pero, como siempre ocurre en estos casos, la tensión acumulada terminó estallando. Entre 2024 y 2025, más de mil personas presentaron querellas contra él por presunta estafa, estafa piramidal y delitos de odio. En el punto de quiebre, la narrativa de éxito absoluto deja de sostenerse. En ese momento los jóvenes que le seguían comienzan a retirar sus proyecciones y el ídolo ya no puede sostener su imagen. Las contradicciones se hacen muy obvias cuando sus seguidores ven que el único que realmente tiene éxito es Llados, mientras que muchos de ellos se arruinan, dejando incluso trabajos y relaciones. El egrégor entonces pierde su cohesión y cae el mito. La querella interpuesta por sus seguidores evidencia que el líder ya no es invulnerable, pasa de ser una imagen, un mito, a ser un humano con muchos fallos. Entre el punto de quiebre y la caída del mito es cuando más se radicaliza el líder y los seguidores fieles, tomados firmemente por el egrégor que se alimenta de ellos. Es decir, cuando observamos que el grupo más cercano en torno al líder se aíslan, que sus conductas son cada vez más desconectadas de la realidad y que sus opiniones se polarizan, esto es señal de que el egrégor lucha por sobrevivir y que la caída está muy cerca. Saturno–Neptuno en 0º Aries: el fin de las ilusiones colectivas La conjunción Saturno–Neptuno marca ciclos de cambio de realidad, y uno de los síntomas principales es que las estructuras basadas en la realidad anterior, ahora se perciben como una ilusión, una fantasía y se disuelven. Saturno exige realidad; Neptuno revela la mentira que nos habíamos creado colectivamente; Aries inaugura un nuevo comienzo. En este punto del zodíaco, la energía es cruda, directa, sin anestesia. Y con la combinación de Saturno y Neptuno, vemos la realidad en toda su crudeza. Por eso, este tránsito señala el inicio del colapso de identidades infladas, de ídolos y mitos que ahora muestran su vulnerabilidad y sus fallos al caer los campos energéticos —los egrégores parasitarios— que los sostenían. De esta manera, se pone fin a narrativas heroicas, idealizadas porque empiezan a caer los velos que nublaban la realidad. Al mismo tiempo que caen los ídolos, caen también nuestras identificaciones egóicas: dejamos de idealizar y empezamos a cuestionar los líderes y gurús. Dejamos de estar atrapados por los ideales del pasado y sus incoherencias son cada vez más evidentes. Emerge el Yo esencial, aunque aún débil, sin referencias claras, cuál libélula que inicia nuevo ciclo, después de pasar toda su vida como un depredador acuático; sus alas húmedas por el proceso de salir de la crisálida aún necesitan tiempo para poder sostener el vuelo. Éste es el proceso colectivo por el que está pasando la Humanidad ahora. Es momento de cuidarnos, nutrirnos, de apoyarnos en nuestra energía femenina, mientras se disuelve lo que ya no se sostiene del masculino de frecuencia más baja. Emerge nuestro lado Yin con la fuerza sutil que le caracteriza y la paciencia necesaria para que nuestras alas se sequen y se hagan fuertes. No hay referentes externos. Es un proceso interno a partir del cual cada uno ha de seguir su propio camino. Te invito a contemplar: No es un castigo, ni una putada cósmica. Es un ajuste natural. Un retorno a la realidad después de años de exceso, de siglos idolatrando a falsos dioses, de milenios viviendo desde el Ego. La caída de estas figuras idealizadas es el inicio de la caída de un sistema que ya no da soporte a nuestra evolución y de una forma de liderazgo más Humana, más horizontal. El desencanto es doloroso, cuando nos damos cuenta de la falsedad de los ideales que hasta ahora habíamos perseguido. Dejar de pertenecer a un campo morfogenético, a un egrégor se siente como un abandono, como una caída en desgracia. Sin embargo, es el inicio de una manera más madura de coexistir y cohabitar en el planeta, de una identidad más genuina. Así que, a pesar de que estos tiempos para algunos resultan duros, y muchos se sienten desorientados y son pesimistas con el futuro, es así como comienza la Nueva Era del Ser que se organiza desde el corazón en un Mundo en Red. Una Era de autenticidad, humildad y coherencia, donde nos uniremos no desde la imaginación o la mente, no desde el control y la dominación, sino desde el corazón y el respeto para crear un Mundo mejor. Es el momento de recuperar tu poder y tus proyecciones sobre esos ídolos, dejando de sentirte culpable o de buscar culpables. En es el momento de madurar y de hacerte cargo de tu sistema nervioso y tus reacciones, de dejar de verse como víctima de la Vida. Es el momento de aprender a vincularse desde el corazón y la compasión, no desde las expectativas y la exigencia. Es el momento de ofrecer al Mundo nuestros talentos únicos y Vivir desde el Ser en armonía, paz y colaboración. Guiomar Ramírez-Montesinos Psicoastrocoaching y espiritualidad coherente Puedes ampliar información aquí:
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