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Hay energías que no se comprenden desde la teoría, sino desde el cuerpo. Tauro es una de ellas. Cada año, cuando entramos en su temporada, algo en nosotros pide bajar revoluciones, volver a la tierra, recordar lo esencial. Pero comprender a Tauro no es simplemente hablar de lentitud o terquedad: es entender cómo se mueve la vida cuando se mueve desde un valor profundo y propio.
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El fin del carisma incuestionable: egrégores, Ego y la conjunción Saturno-Neptuno en Aries31/3/2026 Durante años, figuras carismáticas —políticos, gurús espirituales, creadores de contenido, líderes de opinión— han ocupado un lugar central en la imaginación colectiva. Sus discursos se expandieron como evangelios contemporáneos, sus vidas se convirtieron en relatos iniciáticos y sus comunidades en ecosistemas emocionales donde la admiración se confundía con verdad. Pero algo está cambiando. Lo que antes se sostenía sin esfuerzo ahora se resquebraja. Lo que antes inspiraba devoción ahora provoca sospecha.
La caída no suele ser gradual. Llega de golpe, como si una nube se disipara y dejara al descubierto un escenario que siempre estuvo ahí, pero que nadie quería ver. ¿Qué explica este fenómeno? ¿Por qué tantas figuras públicas parecen perder contacto con la realidad justo cuando más necesitan sostenerla? ¿Y por qué el público reacciona ahora, y no antes? Aries es la chispa que inaugura el zodíaco. Es el primer latido, el primer “sí” a la encarnación, el fuego que surge de la sopa cuántica de múltiples posibilidades que es Piscis para abrir camino hacia la experiencia humana. Su energía es directa, simple, primaria y profundamente honesta. No es un signo que se complique: Aries ve, desea, actúa. Y en ese movimiento inaugura ciclos evolutivos, proyectos, relaciones y caminos que nacen desde la llama interna del espíritu.
“Aries inicia, arranca, se equivoca y le importa una m….. la consecuencia de sus actos” . Esta frase, tan cruda como precisa, captura la esencia del signo: Aries experiencia haciendo, equivocándose, tropezando, pero no anticipando. [Este artículo no es sólo sobre las personas con Sol, Luna y Ascendente en este signo, sino sobre su energía en general. Todos tenemos la energía de cada signo en nuestra carta, tengamos o no planetas allí, y todos tenemos al planeta regente de cada signo. Te recomiendo que no intentes intelectualizar lo que explico, sino que sientas qué te resuena de esta energía.] Vivimos en una época en la que la sensibilidad está despertando con mucha fuerza. Cada vez más personas sienten más, perciben más y se abren más a lo que ocurre dentro y fuera de ellas. Sin embargo, este despertar no siempre viene acompañado de la capacidad de sostener lo que se siente. Y ahí es donde comienza la confusión
Hay momentos del año en que el mundo parece aflojar sus costuras. La realidad se vuelve más porosa, más blanda, más permeable. Las certezas se diluyen, los bordes se desdibujan, y algo en nosotros —algo que no sabe de nombres— empieza a despertar. Ese momento es la temporada Piscis, que se da entre el 18-19 de febrero y el 20 de marzo.
El último signo del zodíaco no cierra un ciclo: lo disuelve. No clausura, sino que abre. Piscis es el umbral entre mundos, la frontera líquida donde lo que ya no sostiene pierde forma y lo que está por nacer aún no se atreve a mostrarse. Por eso, a menudo lo confundimos con pérdida, sacrificio o caos. Pero la verdad es otra: Piscis es el espacio donde la vida nos invita a recordar quiénes somos cuando dejamos de aferrarnos a lo que creíamos ser. [Este artículo no es sólo sobre las personas con Sol, Luna y Ascendente en este signo, sino sobre su energía en general. Todos tenemos la energía de cada signo en nuestra carta, tengamos o no planetas allí, y todos tenemos al planeta regente de cada signo. Te recomiendo que no intentes intelectualizar lo que explico, sino que sientas qué te resuena de esta energía.] Desde hace años acompaño a personas en procesos de transformación profunda, y siempre observo lo mismo: el verdadero cambio no ocurre cuando entendemos algo con la mente, sino cuando cambia nuestro estado interno. Cuando dejamos de reaccionar desde el miedo, la defensa o la carencia, y empezamos a relacionarnos con la vida desde la presencia, la responsabilidad y la disponibilidad.
Ese salto —que todos atravesamos en algún momento— no es lineal ni perfecto. Es un movimiento vibracional, emocional y de conciencia. Y aunque cada persona lo vive a su manera, existen mapas que nos ayudan a comprenderlo. Uno de los más claros y útiles que he encontrado es la escala de conciencia del Dr. David Hawkins. Acuario es el penúltimo signo del zodíaco. Junto a Piscis está más allá de la consciencia, simbolizada por Capricornio. Con Acuario entramos en los dominios de la incertidumbre de habitar todos los tiempos: pasado, presente y futuro.
Cuando se desdibuja el tiempo lineal de capricorniano, el tiempo de Cronos (Saturno, regente de Capricornio y corregente de Acuario, es el dios del tiempo), aparece el tiempo de Kirós, el tiempo del Alma (el de Urano, el otro regente de Acuario): el momento de la inspiración, de la realización, de la caída de ficha, del instante preciso, de la serendipia. Acuario nos pide que nuestras estructuras psíquicas rigidizadas se rompan, se resquebrajen para que la luz del Alma, del Universo pueda entrar e iluminar nuestro camino de vuelta al Kirós. Saturno es necesario para dar forma a la inspiración del Alma, pero demasiado Saturno rigidiza, cristaliza, asfixia la luz, apaga la consciencia Universal y descarrila el corazón. [Este artículo no es sólo sobre las personas con Sol, Luna y Ascendente en este signo, sino sobre su energía en general. Todos tenemos la energía de cada signo en nuestra carta, tengamos o no planetas allí, y todos tenemos al planeta regente de cada signo. Te recomiendo que no intentes intelectualizar lo que explico, sino que sientas qué te resuena de esta energía.] Mucha gente lo pasa mal durante las Navidades porque está sola. Se supone que es una época festiva en la que todos deberíamos estar alegres, compartiendo y celebrando. Pero ¿y si te digo que, en realidad, este es un tiempo para estar solos, recogidos, reflexionando y no tanto hacia fuera? En este artículo quiero explicarte en profundidad de qué va realmente la energía de Capricornio. Y te adelanto algo: no es lo que normalmente se cuenta por ahí.
[Este artículo no es sólo sobre las personas con Sol, Luna y Ascendente en este signo, sino sobre su energía en general. Todos tenemos la energía de cada signo en nuestra carta, tengamos o no planetas allí, y todos tenemos al planeta regente de cada signo. Te recomiendo que no intentes intelectualizar lo que explico, sino que sientas qué te resuena de esta energía.] En la novena y última entrega de la serie que he hecho sobre el Sistema Nervioso y el Ego, te cuento la función de la respuesta de la Relajación, pero para hacerlo, te explico lo que es la activación del S.N., y así puedes comprender por qué la Relajación sólo es el proceso de recuperación, y no un objetivo espiritual.
En la octava entrega de la serie que estoy haciendo sobre el Sistema Nervioso y el Ego abordo la respuesta de la Socialización, que es el Yin de la Respuesta de Juego (Yang).
Estas dos respuestas van muy de la mano, y lo normal es oscilar entre la receptividad de corazón y de ideas de la Socialización y la acción del Juego, de manera suave y dinámica. Esto es posible con el Nervio Vago frontal activado que es el que regula nuestro sistema nervioso, y por tanto, no hay estos picos de energía que nos llevan a extremos de demasiada activación o agotamiento, típicos del Nervio Vago dorsal y los estados de incoherencia. |
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